La carrera por suceder a António Guterres entra en una fase más intensa después del cuarto sondeo informal del Consejo de Seguridad. En ese escenario, la diplomática ecuatoriano-libanesa Ivonne A-Baki, nominada por el Reino de Tonga, defiende una renovación de Naciones Unidas centrada en prevenir conflictos, recortar burocracia y devolver voz a los países pequeños y en desarrollo.
El Consejo celebró el martes 29 de septiembre su cuarto straw poll, una votación confidencial y no vinculante para medir el apoyo a los aspirantes antes de recomendar un nombre a la Asamblea General. A-Baki obtuvo en esa ronda su primer voto de aliento desde que se incorporó al proceso, junto con once votos en contra y tres sin opinión. La candidatura inicia ahora una nueva ronda de contactos con los Estados miembros.
“Naciones Unidas nació después de la Segunda Guerra Mundial para evitar una Tercera Guerra Mundial, y hoy estamos casi a las puertas de una”, advierte. “No podemos esperar a que las guerras estallen para reaccionar. El secretario general debe estar donde están los conflictos, hablar con todas las partes y con todas las potencias, incluso cuando no se hablan entre ellas, y utilizar la neutralidad de Naciones Unidas para sentarlas a la misma mesa. Prevenir la guerra tiene que volver a ser la primera misión de la ONU”.
Cinco ejes de su propuesta
Su agenda se articula en cinco ámbitos: reforzar la diplomacia preventiva y la mediación; imponer disciplina fiscal y eficiencia operativa; ampliar la participación de los pequeños Estados y de los países en desarrollo; defender la dignidad humana y una gobernanza ética de tecnologías como la inteligencia artificial; y exigir rendición de cuentas con resultados medibles.
En materia ambiental, sostiene que conservación y desarrollo no son objetivos contrapuestos. En su trayectoria diplomática impulsó el canje de deuda por naturaleza de las islas Galápagos, pensado para financiar a largo plazo la conservación marina. Con esa experiencia busca unir las prioridades de Ecuador —Amazonía y Galápagos— con las de los pequeños Estados insulares del Pacífico, para los que clima, océanos, financiación y crecimiento forman una sola agenda.
“No aspiro a este cargo para preservar las Naciones Unidas exactamente como son”, afirma. “Aspiro a él porque creo profundamente en la necesidad de renovar la Organización con eficiencia, integridad y una mirada puesta en aquello en lo que las Naciones Unidas pueden convertirse”.
Y resume: “La paz no es un discurso. La conservación no es un eslogan. El liderazgo no es un título. Cada uno debe medirse por los resultados y la eficiencia que genera”.
Una candidatura del Pacífico con puentes globales
Tonga presentó formalmente su nombre el 17 de agosto. La nominación introduce en la contienda un vínculo entre América Latina, el mundo árabe y los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo del Pacífico.
Nacida en Ecuador en una familia de origen libanés, A-Baki ha sido embajadora de Ecuador en Estados Unidos, Francia, Mónaco y Catar, ministra de Estado y presidenta del Parlamento Andino. Su carrera se ha desarrollado entre América Latina, Oriente Medio, Europa y América del Norte.
“Ecuador y Tonga comparten las aguas del Pacífico, que he defendido en buena parte de mi carrera”, señala. “El océano no separa a las naciones, las conecta, y los países más expuestos a los desafíos globales no deben permanecer al margen de las decisiones”.
De la guerra a la mediación
La prevención de conflictos es el eje más personal de su candidatura. Durante la guerra civil libanesa vivió en Beirut con sus hijos y se refugió en los bombardeos. Años después participó en el proceso que desembocó en los acuerdos de paz de 1998 entre Ecuador y Perú.
A-Baki sostiene que quien dirija la ONU debe conservar canales con Washington, Pekín y Moscú incluso cuando esos gobiernos estén enfrentados, para que la Organización no sea percibida como alineada con un bloque.
Conoce al presidente estadounidense Donald Trump desde 1998, cuando era embajadora de Ecuador en Washington, y dice mantener una buena relación con él y su familia. También ha trabajado con administraciones de distinto signo. Esas relaciones, aclara, no equivalen a alineamiento, sino a capacidad de interlocución: el secretario general, según su propuesta, debe ser mediador y mantener abiertas a la vez las vías entre potencias rivales.
Una ONU medida por resultados
El otro pilar es la reforma interna. A-Baki argumenta que Naciones Unidas recuperará la confianza de sus miembros si es más eficiente y menos burocrática. Propone revisar periódicamente programas y mandatos, fijar objetivos medibles, reforzar auditorías y recortar duplicidades. Los programas que no acrediten resultados deberían reformarse, integrarse en otras estructuras o, cuando corresponda, suprimirse.
También pide incorporar a los jóvenes no solo como destinatarios de políticas, sino como interlocutores en decisiones que marcarán su futuro: inteligencia artificial, empleo, clima, conflictos y el propio sistema multilateral. Modernizar la ONU, dice, implica tanto cambiar estructuras como explicar qué hace, escuchar a nuevas generaciones y demostrar con hechos su relevancia en la vida cotidiana.
La candidatura, todavía minoritaria en el Consejo, apuesta ahora a que ese mensaje —paz preventiva, eficiencia y voz para los Estados más expuestos— gane terreno en las próximas rondas del proceso.